El estrés: la reacción ante un desafío

El estrés: la reacción ante un desafío

Es la respuesta corporal ante una amenaza y la correspondencia humana de huida o afrontamiento

 

La palabra estrés proviene del latín “strictus” que se puede traducir como tirante, apretado o comprimido. Es la sensación de agobio que experimentamos en algunas situaciones.

El estrés es una respuesta que genera el cuerpo ante una situación de alerta ocasionada por circunstancias peligrosas o molestas. El estrés es la reacción ante un desafío. Cuando hay  una demanda del entorno se produce una tensión física o emocional que llamamos estrés. La necesidad de actuar puede provenir desde el exterior (ejemplo: reaccionar ante un ataque)  o desde el interior (ejemplo: pensamiento de tener que resolver un problema). Estos desafíos externos o internos nos generan sensación de nerviosismo, de rabia o, quizás, de frustración.  

Tipos de estrés 

Estrés agudo. Se da en un espacio corto de tiempo, por lo que las sensaciones corporales producidas por él desaparecen enseguida. Por ejemplo, cuando tenemos que responder rápidamente dando un frenazo o, la sensación que experimentamos cuando, esquiando, avistamos que se acerca un descenso pronunciado.

Estrés crónico. Es el que se manifiesta cuando el desafío continua durante semanas o meses.  Las personas podemos acostumbrarnos a estas situaciones y es perjudicial para nuestra salud si no sabemos gestionarlo. Por ejemplo, la respuesta del organismo ante serias dificultades económicas durante meses.

Fisiología del estrés  

El cuerpo reacciona ante las demandas externas o internas liberando hormonas que se producen en el organismo, lo que  genera que se tensionen los músculos y aumente el pulso. Esta respuesta es necesaria para afrontar  determinadas situaciones.  El problema del estrés crónico es que somete al cuerpo a este estado de alerta cuando ya no hay ningún tipo de riesgo o desafío,  aumentando las probabilidades de sufrir problemas de salud o de empeorar los que padece.

Síntomas físicos de estrés 

El estrés puede causar anomalías físicas y emocionales. Muchas veces no nos damos cuenta de que el origen de un problema físico puede ser el estrés. Algunos de estos síntomas de malestar asociado al estrés son:

  • Dolores de cabeza y cuerpo.
  • Tensión corporal (cuello o mándibula).
  • Diarrea.
  • Déficit de memoria y de concentración.
  • Falta  de energía o cansancio constate.
  • Alteraciones en el sueño: dormir poco o mucho.
  • Molestias en el estómago. 
  • Problemas sexuales.
  • Abuso de drogas para relajarse.
  • Pérdida o aumento de peso.

La Terapia psicológica y el estrés

La terapia psicológica puede ayudar a que la persona ponga negro sobre blanco lo que le sucede.  Es decir,  el terapeuta ayuda a que la persona identifique qué es lo que le sucede en su vida, qué le produce estrés. Por ejemplo,  la persona puede decir que de un tiempo a esta parte está muy irritable,  el enfado es un medidor de estrés.  Ese enfado es la respuesta ante el estrés laboral que puede estar ocasionado por  muchas demandas en el ámbito del trabajo y no saber establecer límites a ellas. Esto puede estar influido por una dificultad en las  habilidades sociales; no saber decir “no” o no saber  delegar.

La terapia psicológica puede ayudar a que la persona que siente estrés acepte ciertas situaciones que no va a poder cambiar. Aceptar no significa que no le afecten o que le gusten, se refiere al conjunto de acciones que la persona puede hacer para llevar de otra manera la situación. Ejemplos: interpretar de otra forma la situación o tomar perspectiva.  Para interpretar de otra manera o tomar perspectiva, la persona tendrá que aprender a identificar esos pensamientos y emociones que son los responsables de generarle ese estado.  Realmente no es lo que nos sucede,  salvo en casos extremos,  sino cómo lo estamos interpretando. A este respecto, conviene recordar la frase del psicólogo William James “Eres tú, con tu forma de hablarte cuando te caes el que determina si te has caído en un bache o en una tumba

La terapia psicológica también puede ayudar a desarrollar estrategias y habilidades conductuales para enfrentarse a situaciones. Por ejemplo, establecer un orden de prioridades,  hacer un plan en el que haya metas o submetas,  aprender a delegar, a pedir ayuda etcétera. Además, puede entrenar en técnicas que ayuden a manejar directamente el estrés, como por ejemplo las técnicas de relajación y meditación. Técnicas que evidentemente, requieren un entrenamiento  para que funcionen. 

La terapia psicológica puede ayudar a que la persona desarrolle un sano autocuidado, realizando actividades que produzcan relajación y bienestar, algo que es opuesto al estrés.  Para ello, es necesario el desarrollo de actividades lúdicas,  sociales, culturales, artísticas, deportivas…  que le hagan sentirse bien,  que le gusten y que no sean una obligación.  Estas actividades proporcionan relajación en sí mismas porque el bienestar y el placer que producen, algo que es opuesto a un estado de estrés.  No quiero decir con ello que solamente por hacer estas actividades desaparezca el estrés, pero sí ayudan a que la persona esté más relajada. 

El estrés en los Trastornos de la Conducta Alimentaria  (TCA)

Todxs sabemos por observación propia o del entorno que nos rodea que cuando alguien se siente estresado tiende a comer más o a comer menos. Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) evidentemente son algo más, pero también es necesario aprender a gestionar los estresores para que no deriven en síntomas de problemas alimentarios.  La forma en que una persona  con TCA  afronta un estresor es a través de la comida,  es  decir,   comiendo más o comiendo menos. Dicho de otra manera, la persona encuentra una regulación de sus emociones al ingerir o restringir comida, lo que no quiere decir que los síntomas de un TCA sean ni elegidos ni voluntarios. Es necesario tiempo de entrenamiento terapéutico para poder aprender a identificar, gestionar y expresar las emociones de una manera sana y no a través de la alimentación.

Un estudio de la Brown Fundation Institute of Molecular Medicine de la Universidad de Texas ha descubierto un circuito neural que, cuando se activa, aumenta los niveles de estrés en ratones y reduce las ganas de comer. El doctor Quinchun Tong, investigador  principal de este equipo, nos aclara que eso significa que  “hemos identificado una parte del cerebro que controla el impacto que tienen las emociones sobre el acto de comer”. Este tipo de hallazgos son la base para estudiar en humanos este circuito debido a que el sistema nervioso de los roedores es similar al nuestro. Estos mismos autores señalan que “la investigación ha establecido que el estrés puede tanto aumentar como reducir el deseo que tiene una persona de comer, pero los mecanismos neurales por los que esto tiene lugar aún continúan siendo un misterio”. Estos descubrimientos  ayudan a comprender mecanismos que subyacen a  los trastornos de conducta alimentaria,  pero  se quedan muy cortos y se necesitan muchos más,  para que sean una ayuda en el tratamiento de estas alteraciones.

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